Carolina Salas: «La Fundación me ha permitido crecer como mamá, como mujer, como profesional».

La Caro (37, 4 hijos) lleva 11 años vinculada a la Fundación. Primero como mamá y poco tiempo después como monitora. El año pasado, su esencia y entrega la hizo merecedora de los Premios Espíritu de la Fundación y Mejor Compañera, elegida por sus pares. Su testimonio da cuenta de una mujer que con empuje y alegría ha logrado salir adelante pese a las tremendas pruebas que le ha tocado vivir y que aquí nos relata.

Gustavo, su segundo hijo, nació con una asfixia perinatal hace 15 años y una parálisis cerebral severa, diagnosticada meses después. Para salir adelante y aprender a caminar con la discapacidad,  buscó ayuda en la Teletón. En eso estaba, cuando Gustavo tenía 3 años y quedó  nuevamente embarazada. Venía la Maite, que traía un problema neurológico grave, por lo que le ofrecieron un aborto terapéutico. Pero decidió tenerla, porque “sentí que no era justo para ninguna de las dos terminar con el embarazo”. Así fue como la Maite vivió 7 años con muchas dificultades y que hoy siente fue un tremendo regalo, a pesar de la dura que fue su partida. “Cada día que estábamos con ella lo atesorábamos mucho. Si bien ya no está, igual la siento cerca y creo que fue muy importante haberla dejado partir. El día que yo le dije Maite, vuela, ella se fue”.

Conoció la Fundación cuando Gustavo tenía 5 años y la Maite 2, buscando más apoyo para los niños, hace 11 años. “De inmediato la Popa me dio la bienvenida y la Maite se convirtió en la regalona, la más chiquitita, demasiado querida.”. Empezó a venir por sus niños, luego como voluntaria, más tarde un reemplazo hasta que se quedó trabajando. “Para mí la Fundación fue conocer otro mundo. Si bien en la Teletón también me había sentido acogida, ahora era distinto. Sentía el calor de familia y la preocupación permanente por lo que nos pasaba. Un apoyo que hemos recibido en todos los procesos que hemos vivido como familia”.

“Me fui enamorando de la Fundación. Si bien al principio estaba feliz porque me permitía tener un trabajo y estar con mis hijos, después me empecé a sentir realizada al poder ayudar y hacer algo por los otros, empaparme de las cosas más simples y valiosas, como un ‘te quiero’ de un niño, una mirada de alegría”. Ha pasado por varias áreas. Una de las experiencias que más atesora fueron las visitas domiciliarias, trabajar directamente con las familias, que inició. “Era tan gratificante sentir la alegría de los niños cuando llegábamos a verlos, el desahogo de las mamás. Éramos un bálsamo para ellos. Aprendí mucho en ese tiempo, lo que me llevó a capacitar en la Corporación Cetram a otras cuidadoras de domicilio”.

Hoy trabaja en el área de inclusión laboral. “La Fundación me ha permitido crecer como mamá, como mujer, como profesional. Me ha permitido capacitarme como cuidadora y en el área de inclusión laboral. Hoy siento que es mucho lo que puedo entregar acá, como la empatía con las mamás que viven la discapacidad, porque yo también la he vivido”.

Caro junto a su marido, Enzo y sus hijos.
Caro junto a Maite
Caro junto a Gustavo, su segundo hijo

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